En general se sienten en inferioridad de condiciones con respecto al hombre. Les cuesta verse
“solas” y sobrellevar la vida cotidiana. Además, sienten la falta de ingresos y la imposibilidad de conseguirlos, por su responsabilidad de madre solas y la falta de trabajo.
El panorama se les complica, pero no tienen el desgaste emocional de estar en pareja con alguien que peleaban y vivían conflictivamente. Sienten que el esfuerzo es muy grande, pero más saludable para todos.
Una de las actividades que realizaron fue armar un “collage” y representar mediante recortes de
frases, palabras e imágenes: como se sienten durante este proceso de separarse.
Muchas expresaron su falta de proyecto personal, su “culpa “ con respecto a los hijos por haber fallado en la pareja, la angustia por los apremios económicos, la deficiente o falta de comunicación con el ex marido, la pérdida de amistades a veces el cuestionamiento de la familia; la renuncia a las salidas familiares, etc.
Algunas mostraron la libertad que lograron, la independencia y autonomía, la necesidad de encontrar
a alguien con quien compartir la vida desde otras posibilidades, de sentirse contenidas en la relación.
Se trabajó especialmente en la necesidad se saber lo que “no se quiere” y buscar creativamente nuevos caminos hacia un proyecto personal, retomando estudios, viajes o salidas, amistades, etc.
Este es el testimonio de una de las mujeres que participa de las reuniones:
Inés tiene 40 años, dos hijos: un varón de 14 y una nena de 9 años respectivamente.
Ella dice que tenían todo para ser felices, dinero, trabajo, casa propia y una relación buena de pareja. Hicieron todos los esfuerzos juntos, se casaron jóvenes y muy enamorados. Padres y suegros compinches, una familia unida. En el jardín de infantes de los hijos conocen a otro matrimonio con
dos hijos de las mismas edades y se hacen muy amigos.
Comparten salidas, fines de semana, veraneo, durante algún tiempo.
Comienzan los problemas conyugales, mentiras, mal humor, desinterés. Inés pide explicaciones a
su marido, pero no tienen respuestas claras sino dubitativas. Con el tiempo descubre la infidelidad
de su marido con su mejor amiga. Plantea la situación, él se va y ella recurre al club para comenzar
su divorcio.
Asiste puntualmente a cada reunión y descubre la mezquindad de él en cuanto a la manutención de sus hijos. La falta de trabajo, una cuota alimentaria que nunca llega; los sentimientos de abandono,
de engaño; la enferman. Se siente con una muy baja autoestima, desvalorizada, traicionada y en una profunda crisis.
”Las reuniones me ayudan a compartir mi dolor y ver que a otras mujeres que les pasa parecido; dice en uno de los encuentros.”
Comenta que con el tiempo se da cuenta que vivió entregada a su marido y a sus hijos; que dejó de lado sus proyectos porque el proyecto de su vida era formar una familia, ser feliz y se dedicó a eso.
Ahora está tratando de descubrir un nuevo camino, compartir con sus hijos y superar esta etapa; piensa que con todo este dolor va a poder fortalecerse y superarse como persona. Todavía le cuesta dormir de noche y salir con amistades. Se está dando un tiempo para emocionalmente equilibrarse y retomar estudios dejados antes de casarse, hacer nuevas amistades, buscar un trabajo.
Los talleres vivenciales son el ámbito donde cada mujer tiene la posibilidad de compartir sus miedos
y sus dolores, emociones, sentimientos.
Apuntan al cuidado y a la contención en el comino de la separación. Las dificultades con que se encuentran son muchas, algunas previsibles y muchas impensadas. Al deshacer una relación compromete a toda la persona en sus diferentes áreas y es un trabajo de construcción durante
mucho tiempo. Es tan costoso como cualquier vínculo humano.
Se ponen en juego todos los aspectos de las personas; es difícil llegar a cuerdos y tener claridad
para la toma de decisiones. Por eso es tan valioso tener un espacio de reflexión sobre las diferentes vicisitudes de ese proceso con otras mujeres que pasan por situaciones similares.
Club de Divorciadas.-
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