La familia se constituye como un complejísimo campo en el que se articulan e influencian recíprocamente fenómenos tan diversos como los procesos psíquicos de los sujetos que la integran y las relaciones sociales en cuya interioridad la familia se asienta. Pero a la vez la estructura familiar está determinada desde los vínculos con el hábitat, con el paisaje, con el contexto natural, ligado a las relaciones económicas y a la producción.
La familia desde el punto de vista antropológico, se define como un sistema de relaciones interpersonales sometido a una multiplicidad de determinaciones: socioeconómicas, geográficas, culturales, religiosas, jurídicas y políticas. Su aporte es importante porque permite descubrir la naturaleza esencialmente social e histórica de la organización familiar.
Desde la mirada de la Psicología Social la familia surge como ámbito de reproducción de la vida, y se constituye en función de esa reproducción, de la procreación y de la crianza. Esa organización tiende a responder a cierto tipo de necesidades, las que en última instancia se pueden resolver en relaciones sociales, en las que los hombres se relacionan unos con otros para satisfacer sus necesidades vitales de existencia. Esto implica un accionar sobre la naturaleza, lo que a su vez significa un hacer, producción, trabajo.
Todo esto forma un sostén y determina la estructura familiar, siendo un sistema de relaciones sociales que requiere, para subsistir, producir los sujetos aptos para garantizar su continuidad. Es la familia una estructura socializadora, transmisora de normas, de pautas, de valores, de sistemas de significación, de representaciones sociales. También genera formas de relación, es el contexto vincular primario, socialmente determinado y significado donde se realizan los primeros y más vitales aprendizajes. Desde el nacimiento, dentro de la familia se aprende a aprender, es decir, se configuran estilos, modelos internos de aprendizaje, matices de sentimiento, pensamiento y acción. En síntesis de interpretación de la realidad. La familia, es mediadora entre el sujeto y la organización social.
Las familias donde se dan casos de diferentes tipos de violencia, psíquica o física, es analizada como una unidad de interacción que genera en sus miembros conductas patológicas. El comportamiento, la conducta violenta ejercida por algún miembro sobre los demás es esencialmente relacional, puede ser comprendida en el interior de un contexto grupal y con referencia a ese contexto. Se puede observar a través de este grupo de personas, esta conducta individual que resulta abordable, descifrable y susceptible de modificación.
El contexto del sujeto es siempre vincular, es decir, está entretejido de relaciones sociales que le proponen permanentemente exigencia de adaptación que lo des estructura; toda esta exigencia implica un conflicto, una contradicción entre lo viejo que aprendió y lo nuevo que debe ir aprendiendo en sus nuevas relaciones vinculares, una contradicción entre la situación ya lograda y la exigencia de lo que va viviendo. El sentido de la conducta es responder coherentemente y resolver las contradicciones entre las necesidades internas y las exigencias externas. Las formas en que se desarrolla esa contradicción entre necesidades y exigencias, las modalidades en que se resuelve el conflicto básico constituye las diferentes formas de adaptación a la realidad. En este principio de realidad cuando se produce un quiebre es ahí donde aparecen las conductas patológicas.
Debido a la falta de trabajo, a la inseguridad, a los cambios económicos y sociales; los sujetos, están cada vez más exigidos por la realidad de nuestro contexto; provocando más violencia en las familias, más violencia en la sociedad.
Es un círculo vicioso: más frustraciones, más exigencias, más responsabilidades, más competencia entre los sujetos genera una necesidad de cambio permanente para adaptarse a las nuevas reglas que impone la convivencia. Ante la impotencia que genera el no poder resolver algunos de estas necesidades, las personas recurren a la violencia como descarga.
Muchas veces dentro de sus propias familias, como depositarios de sus conflictos más íntimos.
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